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¿COMO SE SALVARON LOS ANTIGUOS CREYENTES?

En Hebreos 11 tenemos una lista de héroes que hicie- ron hazañas por fe; pero esta fe, ¿incluía, como en nuestro caso, la fe en Jesucristo y la obra redentora que El llevó a cabo por nosotros en la cruz?

R. No con la misma claridad que nosotros lo tenemos, pero es evidente que Dios dio a nuestros primeros padres y al pueblo de Israel alguna noción de su plan de salvación por medio del sacrificio y muerte de un Redentor, observan- do los siguientes detalles:

1.° Adán y Eva se hicieron delantales de hojas de higue- ra, pero Dios les hizo vestir con pieles de animales sacrifi- cados. La muerte del animal inocente era ya un tipo del Cordero de Dios que murió para que nosotros pudiéra- mos ser vestidos con el vestido de justicia de Cristo.

2.° Caín trajo como ofrenda al Señor del fruto de la tierra; y este sacrificio no le fue aceptado; en cambio, Abel, que sacrificó un cordero «por fe» (según expresa la carta a los Hebreos), demostró que había hecho caso de las ins- trucciones que Dios había dado a sus padres acerca de un Sacrificio Redentor del cual los animales sacrificados eran símbolo. Nótese que tanto Noé como Abraham ofrecieron sacrificios de animales, antes de que Dios diese instruccio- nes sobre tales sacrificios al pueblo de Israel. ¿No es porque las había dado a Adán y Eva?

La humanidad entera recibió por tradición la idea del sacrificio expiatorio que Dios implantó, sin duda, en la mente y corazón de nuestros primeros padres; pero Sata- nás (probablemente por medio de revelaciones del sonam- bulismo practicado por los antiguos desde los mismos ini- cios de la raza, según hallamos en la historia de los antiguos pueblos) tergiversó las instrucciones divinas hasta el punto de inducir a los pueblos paganos el sacrificio de víctimas humanas.

3° El cordero sacrificado en la Pascua era una clara re- presentación de Jesucristo, como hallamos en 1.a Corin- tios 5: 7.

Todo ello nos demuestra que los judíos tenían una idea, aunque borrosa, del plan de Dios para la salvación del mun- do, por lo cual los discípulos de Juan pudieron entender perfectamente las palabras del Bautista: «He aquí el Cor- dero de Dios que quita los pecados del mundo.»

La fe en este supremo y sublime propósito de Dios equi- valía para ellos a nuestra fe en Jesucristo crucificado, que nos otorga la vida eterna.

Muchos han visto en los pasajes de 1.a Pedro 3: 18 al 20 y Efesios 4: 8-10 un cumplimiento de la figura que tenemos en el Antiguo Testamento acerca del lugar santísimo, don- de no podía entrar el sumo sacerdote sino con la sangre expiatoria; de modo que tan pronto como Jesús hubo rea- lizado su sacrificio sobre la cruz pudo «llevar cautiva la cautividad» ascendiendo a la diestra de Dios.acompañado de los que durante el período del Antiguo Testamento ha- bían confiado en El. (Efesios 4:9, a los cuales el profeta Zacarías, cap. 9: 19, llama: «prisioneros de esperanza. »)

A esta suposición suelen objetarse las palabras de Jesús a María Magdalena: «Aún no he subido a mi Padre, mas subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.» Pero nadie puede conocer dónde se hallaban antes de su ascensión los espíritus encarcelados, que, según pa- rece, a tenor de los textos antes citados, Jesús había ido a sacar del Hades, ya que los espíritus son seres invisibles y podían estar con Jesús, aun en el mismo momento de la ascensión, invisibles a los ojos de los discípulos, pero visi- bles para Jesús y los ángeles que le acompañaban.