ESTUDIOS BIBLICOS

la mujer en el islam

Especialmente en los países más fundamentalistas dentro de lo que se llama la Nación Árabe se observa que la mujer juega un papel determinado e irrenunciable que le obliga, ya desde su infancia, a conocer cuál debe ser su conducta “correcta” en la sociedad en que ha nacido. Es incuestionable que toda mujer de cualquier nación o tribu tiene algún motivo concreto para comportarse de una forma determinada. Así la mujer musulmana encuentra en la voluntad de su dios Alá, manifestada en El Corán, la causa primera y principal de su comportamiento en todos los momentos de su vida y en cualquier ambiente de la convivencia.  Pero la mujer islámica se encuentra con una segunda causa que le somete a una conducta llena de respeto humano y cargado de “temor al qué dirán”. Esta causa se llama: tradición.

Poder de la tradición
Se trata de una ley no escrita, pero que dicta inexorablemente la forma “correcta” del ser y del hacer de la mujer islámica. Sin embargo, a nuestro parecer, esta tradición anula la libertad de pensar y excluye la exigencia de tolerar. En este marco tradicional, la mujer islámica se realizar “satisfactoriamente” por medio de sus relaciones con la familia y con su clan. De tal forma que la identidad de la mujer islámica debe ser el resultado y la prolongación de la familia y de la nación a la que pertenecer “obligatoriamente” si no quiere verse excluida de ellas y, en consecuencia, menospreciada y hasta odiada a muerte.  Como es sabido, las tradiciones generan costumbres, y éstas exigen luego comportamientos que, como en este caso, la mujer musulmana deber conocer puntualmente y seguir con toda fidelidad, si quiere hacerse acreedora de respeto, aprecio y admiración.

Educación islámica
Las niñas islámicas son educadas por sus madres con vistas a que un día sepan llevar un hogar.  Han de aprender pronto lo que deben hacer y cómo lo deben hacer. Entre otras cosas, deben aprender a amasar el pan diario, cocinar coser,... Es decir, que cuando cumplan 15 años ya sepan llevar un hogar, disfruten con los quehaceres domésticos y añoren tener su propia casa.   Las jóvenes islámicas, así educadas en su niñez, tienen conciencia de que la familia y la sociedad les han inculcado su vocación máxima: ¡Ser un día esposas y madres! Lo cual desean con toda su alma. Para eso les creó Alá. Pero, si no lo consiguen, sufrir n, además de la mayor decepción de su vida, presiones por todas partes y de distintas clases: religiosas, sociales y familiares.

Presiones injustas
Quizá la principal presión que las jóvenes islámicas soportan, la ejerza El Corán, cuando ordena a los padres creyentes: “Casad a aquellos de vosotros que no estén casados, y a vuestros esclavos y esclavas honestos. Si son pobres, Dios les enriquecer con su favor...” (Sura 24:32. La nota al pie de página comenta: “Ellos y ellas: solteros, viudos, divorciados”. El Islam recomienda el matrimonio y desfavorece el celibato voluntario). Por tanto, las jóvenes musulmanas que ven pasar los años y temen quedarse solteras, se sienten como condenadas por las palabras del “profeta” Mahoma.
Además, la sociedad musulmana, cuyo eje motriz es El Corán, ejerce una presión angustiosa sobre las jóvenes que llegan a los 30 años y aún no se han casado; pues su soltería, voluntaria o no, está muy mal vista y es causa de toda clase de sospechas morbosas.  Pero lo más doloroso para las jóvenes islámicas solteras que llegan o rebasan los 30 años sin casarse es que, una vez muertos sus padres bajo cuyo techo suelen convivir también sus familiares les presionarán para que se casen, aunque el hombre que se les proponga no tenga “ni oficio ni beneficio”, como se suele decir. Pero se casarán con él, porque en la sociedad y familia islámicas no cabe la opción de la soltería para la mujer. Así que, si no pueden casarse, serán cuando menos, unas mujeres amargadas y frustradas, con peligro de caer en la prostitución “Las mujeres que han alcanzado la edad critica y no cuentan ya con casarse, no hacen mal si se quitan la ropa, siempre que no exhiban sus adornos.  Pero es mejor para ellas si se abstienen” (Sura 24 60) vea Sura 33: 591 Esta última reacción de las jóvenes solteras es la más lamentable, aunque la menos frecuente. Pero no es extraña, si tenemos en cuenta que el Islam es una de las culturas más machistas que existen. Pues El Corán no sólo permite que el hombre tenga hasta 4 esposas, sino que pueda llevarlas a la cama cuando le venga en gana, repudiarlas por causas vanas y hasta pegarlas aun por motivos fútiles “Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces, casaos con las mujeres que os gusten dos tres o cuatro pero. Si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así, evitaréis mejor el obrar mal” (Sura 4: 31 “Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos más que a otros (cf. Sura 2:2281). “¡Amonestad a aquellas de quienes teméis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas...” (Sura 4: 34 vea Sura 4: 1291. “Dios no ha puesto dos corazones en el pecho de ningún hombre. Ni ha hecho que las esposas que repudiáis por la fórmula: “¡Eres para mi como la espalda de mi madre!, sean vuestras mujeres.” (Sura 33: 41)
Finalmente, las jóvenes islámicas que ven cumplida su vocación de ser esposas y madres, no emprenden un camino fácil Porque, si son la primera mujer con quien su marido se casa, deberán soportar el temor de una posible segunda mujer; y si son la segunda, o la tercera o la cuarta mujer deberán acostumbrarse a compartir lo que tienen en común.

Comportamiento externo
Aunque se trate de otra clase de presión, las casadas islámicas deberán poner mucho cuidado en su comportamiento externo, tanto dentro como fuera de su casa; pues El Corán y las tradiciones musulmanas han creado en torno a las mujeres casadas una telaraña de leyes tan tupida que difícilmente las cumplirán, y entonces no se salvarán de la critica, la humillación y el repudio de su esposo y de la sociedad. Aunque no es obligatorio sino entre las más tradicionalistas, las casadas islámicas que se precien de “modestas” usarán siempre velo para cubrir su rostro, pañuelo para cubrir su larga aunque recogida cabellera, y combinación larga para cubrir sus piernas. Al salir a la calle, se pondrán la llamada chilaba: una especie de camisón que cae desde los hombros hasta los pies sin marcar las formas del cuerpo.

Algunas prohibiciones
En el capítulo de las prohibiciones, no puedo silenciar algunas que una tradición islámica caprichosa, degradante y discriminatoria ha impuesto a las mujeres de casi toda la Nación Árabe. Tienen absoluta y rigurosamente prohibido salir a la calle por la noche, entrar en cafés o bares aun de día e ir a la piscina o a la playa aun cuando fuera en compañía de su marido...

Deberes y ocupaciones
Las esposas musulmanas normalmente concentran su actividad en las labores de la casa: amasar diariamente el pan y lavar la ropa a mano debe ser casi como un rito para ellas, sin olvidar la educación de los hijos, y un largo etc.

Relaciones matrimoniales
Al informarme acerca de las relaciones de la mujer musulmana con su esposo, me quedé perplejo del sinfín de deberes y prohibiciones que ha de cumplir para ser una “buena”, esposa:
Debe tratar de engendrar, si no quiere verse sustituida o acompañada por otra esposa.
Debe hacer lo que el marido le mande, evitar lo que le prohíba; es decir obediencia absoluta.
Debe procurar el bienestar de su esposo con buenas comidas, ropa limpia y perfumes fragantes.
Debe honrar a la familia de su marido...
Tiene prohibido tomar decisiones, aun las urgentes, sin conocimiento de su esposo.
Le está prohibido preguntar a su esposo lo que hace, con quién se relaciona, adónde va cuando se ausenta de casa.
No debe pedir al esposo que le compre cosas, y mucho menos regalos...

Esclavitud
Al llegar a este punto, me acuerdo de las palabras de Proverbios 31:l0-31. “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a las de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado... Considera la heredad, y la compra...Alarga su mano al pobre... Fuerza y honor son su vestidura... Considera los caminos de su casa... Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido También la alaba. Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas...” Aquí me encuentro con una “mujer virtuosa”, pero sobre todo libre y feliz en un hogar donde ella ocupa el puesto que el Señor le ha confiado como “ayuda idónea” de su esposo. (Gn. 2:23 24), y según recomienda el principio de la sabiduría en  Efesios 5:21 y ss.: “Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor... Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella”.  Finalmente. la mujer musulmana es una esclava “interesada” de su religión. A este respecto, los mandatos coránicos y las costumbres islámicas nos presentan una mujer que ora, ayuna y da limosna bajo el principio del “do ut des”, es decir para que su dios vea sus “buenas obras” y se las recompense en esta y en la otra vida.

Oración:
“Haz la azal” (= oración) en las dos horas extremas del día y en las primeras de la noche.  Las buenas obras disipan las malas... ¡Y ten paciencia! Dios no deja de remunerar a quienes hacen el bien” (Sura 11:114- 115). “Haz la azal al ocaso hasta la caída de la noche, y la recitación (de El Corán) del alba... Parte de la noche, vela (en oración); ser para ti una obra supererogatoria...” (Sura 17:78, 79)

Ayuno:
“¡Creyentes! Se os ha prescrito el ayuno, al igual que se prescribió a los que os precedieron... “Días contados (durará el ayuno)... Los que, pudiendo (ayunar), no ayunen podrán redimirse dando de comer a un pobre... (El mes del ayuno obligatorio) es el mes de ramadán, en que fue revelado El Corán ...” (Sura 2:183,185).  Publicado el 24-09-2003 | 6:12 pm

Limosna:
“Te preguntan qué deben gastar (en limosnas). Di: “Los bienes que gastéis, que sean para los padres, los parientes más cercanos, los huérfanos, los necesitados y el viajero (de Dios)”... “Quienes gastan su hacienda por Dios son semejantes a un grano que produce siete espigas, cada una de las cuales contiene cien granos. Así dobla (la recompensa) Dios a quien Él quiere...” (Sura 2: 215, 261 y ss.).

Pero nosotros sabemos que esta es una religiosidad falsa, vana, engreída e interesada, como nos recuerda la Palabra de Dios; la Biblia, por medio del apóstol Pablo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorié. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2: 8-10).

Por J. T. Sanz