Aunque la problemática de las sectas y el sectarismo, es tan antigua como la condición humana, en los últimos tiempos, se ha convertido en un espacio común que poco a poco se ha instalado como tópico permanente en nuestros medios de comunicación y en la opinión de los referentes de nuestra sociedad.
Esta proliferación de palabra escrita y oral, más que clarificar el tema ha conseguido poco a poco ir oscureciéndolo, a punto tal que hoy se hace difícil para el hombre de la calle saber si tal o cual grupo es una secta o, lo que es peor, ¿qué es en realidad una secta?. Debemos admitir también que la palabra encuentra diversas acepciones según quien la emplee; para algunos se trata de una cuestión de corte eminentemente político, son grupos ligados a la Nueva Derecha americana y a su expansión económica; para otros, entre los cuales parecen contarse algunos funcionarios, se trata de una cuestión meramente administrativa: sectas son los grupos religiosos que no se encuentran inscritos en el Registro Nacional de Cultos. Ahora bien, si quisiéramos situarnos en la verdadera perspectiva del problema, que es la religiosa (porque se trata de religiones, no de programas económicos ni de partidos políticos, sin negar por supuesto la conexión existente entre estas diversas perspectivas), ante todo debiéramos intentar el verdadero significado del término "secta".
Como muchas otras en nuestro idioma, la palabra "secta" tiene su raíz en el latín "sequor", que significa "marchar detrás", "tomar por guía", "seguir la inspiración de..."; esto es, el término secta designa estrictamente a un grupo de personas que siguen las enseñanzas de un maestro particular. En un principio, la primitiva Iglesia fue considerada una secta del judaísmo caracterizada por seguir las enseñanzas de Cristo, un Rabí judío; en la medida en que se reconoció a Jesús de Nazareth no como un maestro judío más, sino como el mismo Dios hecho al hombre, revelación del Padre a los hombres, se reconoció a los cristianos no como los seguidores de un maestro más, sino como una Iglesia fundada por el mismo Dios, Señor de los cielos y la tierra.
A partir de este afianzamiento del cristianismo, y aún un poco antes, comenzaron a aparecer diferentes sectas (así las denomina el Nuevo Testamento en Gálatas 5:20; Tito 3:10; 2Pedro 2:1). Pero cabe destacar que estos grupos que se caracterizan por ser "seguidores de ...", se dan tanto en los márgenes del cristianismo como entre los mismos cristianos, como nos permite ver el apóstol Pablo en 1° Corintios 1:10 “Os conjuro, hermanos, por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Apolo", "Yo de Cefas", "Yo de Cristo". ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? En resumen Pablo repudia a los que podríamos llamar cristianos con título de dependencia, o seguidores de; los cristianos son seguidores e imitadores de Cristo.
Debemos considerar secta a todo intento de romper la unidad en la fe de los fieles, principal signo de credibilidad del Evangelio de Cristo, según Él mismo lo expresara en Juan 17:20-21 “No ruego solo por éstos, sino también por aquellos que por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno como nosotros somos uno...” La comunidad de los fieles es una, y esa unidad es una de las características queridas por el mismo Jesús; quien rompa su unidad para ser seguidor de algún otro maestro particular que no sea el mismo Cristo, será un cristiano con título de dependencia, no "propiedad" de Cristo.
Por: Dr. Armando Alducin