¿Puede la mujer enseñar? – Chuy Olivares

Hoy día existe mucha confusión sobre el papel de la mujer tanto en la casa como en la iglesia. Esta incertidumbre nos ofrece una buena oportunidad de estudiar de nuevo lo que la Biblia enseña sobre la materia. Siendo la iglesia el pilar y fundamento de la verdad (1 Timoteo 3:15), es sumamente importante que la iglesia refleje la verdad bíblica acerca del papel de la mujer.

COMO TRATO CRISTO A LAS MUJERES

Un buen lugar para comenzar a estudiar el papel de la mujer en la iglesia es con el principio del ministerio de Jesús. Entendemos, por supuesto, que la iglesia no comenzó mientras Jesús vivía en la tierra (Mateo 16:18), sino luego de haber ascendido a los cielos (Marcos 9:1; Hechos 1:8; Hechos 2:1-4). Podemos, sin embargo, aprender algo acerca del papel de la mujer en la iglesia estudiando cómo las consideraba Jesús durante su ministerio terrenal.

Sabemos que no había ninguna mujer que fuera apóstol (Mateo 10:2-4). No obstante, algunos de los discípulos más cercanos a Jesús eran mujeres. En Lucas 8:2-3 se menciona a María Magdalena, Juana, Susana, y “otras muchas” que contribuyeron a proveer ayuda económica a Jesús y a los apóstoles mientras iban predicando. Más tarde, cuando los apóstoles, temerosos, se retiraron del lugar de la crucifixión, algunas mujeres fieles y llorosas se quedaron a contemplar su muerte en la cruz (Mateo 27:55-56).

De ésta y otras referencias en los Evangelios nos damos cuenta de que Jesús no consideraba a las mujeres como que eran inferiores a los hombres en lo concerniente al discipulado. Al seleccionar varones en vez de mujeres para su apostolado, hizo alguna distinción en el papel que el hombre y la mujer deben llenar. Esos dos principios básicos, o sea (1) su concepto de igualdad de valor, y (2) la diferencia entre los deberes asignados a hombres y a mujeres, fueron claramente enseñados en la iglesia primitiva y deben, por supuesto, reflejarse en la iglesia de hoy.

EL PAPEL DE LA MUJER EN LA IGLESIA

Al comenzar la iglesia el Día de Pentecostés, tanto hombres como mujeres fueron añadidos en gran número (Hechos 5:14). No se hizo diferencia alguna en las condiciones de membresía entre los sexos. Además, la importancia de las mujeres para la iglesia en su totalidad se refleja por la preocupación que la iglesia primitiva demostró hacia las viudas que necesitaban cuidados y ayuda (Hechos 6:1-6).

Las buenas obras que hacían las mujeres se mencionan a menudo en las Escrituras. Se cita a Dorcas como ejemplo de fiel y amoroso servicio (Hechos 9:36-39). A Lydia se la pinta como una mujer de gran hospitalidad, “obligando” a Pablo y sus compañeros a hospedarse en su casa (Hechos 16:11-15). Se dice que Febe “está al servicio de la iglesia en Cencrea” (Romanos 16:1). Las múltiples obras buenas de las mujeres en la iglesia se reflejan en los escritos de Pablo cuando éste describe las calificaciones de las mujeres que habían de ser sostenidas por la iglesia y que iban a dedicar todo su tiempo al servicio cristiano. En 1 Timoteo 5:9-10 esas calificaciones incluían el ser viudas, tener 60 años o más, que no tuvieran otros parientes que sostener, y que tuvieran “testimonio de buenas obras”. Esas buenas obras se definen como (1) haber criado hijos, (2) haber practicado la hospitalidad, (3) haber lavado los pies de los santos, (4) haber socorrido a los afligidos, y (5) haber estado dedicadas a toda buena obra.

También se hace referencia en la Escritura al papel de la mujer en la enseñanza privada de la Palabra de Dios. En Hechos 18:26, Priscila, con su esposo Aquila, privadamente enseñaron a un buen, pero mal informado, predicador de nombre Apolo, “exponiéndole más exactamente el camino de Dios”. En Tito 2:4 se instruye a las mujeres más ancianas a enseñar a las más jóvenes a vivir cristianamente.

Un versículo clave para discernir la importancia de la mujer a los ojos de Dios es Gálatas 3:28, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón nimujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” En los tiempos de Jesús se hacían distinciones muy marcadas entre la gente por las que se miraban unos a otros como inferiores o superiores y que les hacían separarse los unos de los otros. Esas diferencias incluían antecedentes religiosos (judío y griego), condición social (esclavo o amo), o sexo (hembra o varón). Pablo escribió que ninguna de tales distinciones era válida en cuanto concernía al valor personal. Ciertamente no quiso decir que cuando alguien se convertía al cristianismo dejaba de ser hombre o mujer, o esclavo o libre, o judío o gentil, sino que nada de eso debía causar separación, porque todos eran igualmente preciosos en Cristo Jesús.

LA BIBLIA PROHIBE A LA MUJER ENSEÑAR?
Para entender estos versículos, debemos entender la situación en la que trabajaban Pablo y Timoteo. En el primer siglo de la cultura judía, a las mujeres no se les permitía estudiar. Cuando Pablo dice que las mujeres deben aprender en silencio y total sumisión, les está ofreciendo una sorprendente nueva oportunidad. Pablo no quiso que las mujeres de Éfeso enseñaran porque aún no tenían suficientes conocimiento o experiencia.
La iglesia en Efeso tenía un problema particular con los falsos maestros. Evidentemente las mujeres eran especialmente susceptibles a sus falsas enseñanzas (2 Tm 3.1-9) porque todavía no habían recibido instrucción bíblica suficiente para poder discernir la verdad.
Además, algunas de las mujeres, aparentemente hacían alarde de su nueva libertad cristiana usando ropa inadecuada (1 Tm 2.9). Pablo decía a Timoteo que no debía poner a nadie (en este caso, mujeres) en posición de liderazgo si todavía no era maduro en la fe (véase 5.22). El mismo principio se aplica a las iglesias hoy.

I. 1 Corintios 14.34,35.

“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.

¿SIGNIFICA ESTO QUE LA MUJER NO PUEDE HABLAR EN LOS SERVICIOS RELIGIOSOS DE HOY?

Es claro, por 11.5, que la mujer oraba y profetizaba en la adoración pública. También es claro, por los capítulos 12 al 14, que a ella se le dan los dones espirituales y se la anima a ejercitarlos dentro del cuerpo de Cristo. Las mujeres tienen mucho que contribuir para participar en los servicios religiosos.
En la cultura de Corinto no le estaba permitido a la mujer confrontar al hombre en público. Aparentemente algunas mujeres que se convirtieron pensaban que el cristianismo les daba libertad de hacerlo. Esto causó división en la iglesia. Más aún, las mujeres de aquella época no recibían formación religiosa formal como los hombres. Ellas podían formular preguntas en el servicio de adoración que podrían ser respondidas en la casa sin necesidad de interrumpir una actividad pública.
Pablo respondió que la mujer no podía alardear de su libertad en Cristo durante la adoración pública. La exhortación de Pablo apuntó a promover la unidad, no a enseñaracerca del rol de la mujer en la iglesia.

II. 1 Timoteo 2.12.

“Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”.

Algunos interpretan este pasaje como que las mujeres nunca debería enseñar en las reuniones de la iglesia. Sin embargo, otros comentaristas dicen que Pablo no prohibió siempre a que la mujer enseñará. La reconocida colaboradora de Pablo, PRISCILA, enseñó a Apolos, el gran predicador (Hch.18.24-26)
Es muy probable que Pablo haya prohibido a las mujeres de Éfeso, no a todas las mujeres que enseñaran.
En la referencia de Pablo de que las mujeres estén en silencio, la palabra silencio expresa una actitud de quietud y compostura. (Para comunicar “completo silencio” usualmente se utiliza en el griego una palabra diferente) Además, el propio Pablo reconoce que las mujeres públicamente oraban y profetizaban (1 Corintios 11.5).
Aparentemente, sin embargo, las mujeres en la iglesia de Éfeso estaban abusando de su recién adquirida libertad cristiana. Debido a que estas mujeres eran recién convertidas, no tenían la experiencia necesaria, el conocimiento o la madurez cristiana para enseñar a aquellos que ya podían una buena educación bíblica.

1.- Mujeres misioneras.
Al buscar en los escritos de Pablo, descubrimos que les da del nombre de “Compañeras de trabajo” a varias mujeres: Priscila (Ro. 16.3); Evodia y Síntique (Fil. 4.2-3)
Pablo envía saludos en Roma a Andrónico y Junias, probablemente un equipo de misioneros veteranos integrado por esposo y esposa, de quienes se dice que “se han distinguido entre los apóstoles” (Ro. 16.7)

2.- Mujeres que profetizaban.
Según la enseñanza de Pablo, tanto hombre como mujeres tenían acceso a este ministerio en la iglesia primitiva (1Co.11.4-5) – (Hch 21:8-9)

3.- Mujeres maestras.
Bajo la instrucción de Priscila y Aquila, Apolos se transformó en un pastor capaz; Priscila y Aquila actuaron como profesores de seminarios para alguien que se preparaba para el pastorado y prometía mucho. Pablo y las iglesias cosecharon los beneficios de sus enseñanzas en el ministerio de Apolos. (Hch. 18.24-28).

4.- Mujeres que ayudan.
1 Corintios 12.28 :
Hechos 9.36

5.- Mujeres que administran
Romanos 16.1-2

LA MARGINACION DE LA MUJER EN LA IGLESIA.
A partir del siglo II después de Cristo los paganos empezaron a criticar el papel preponderante que tenían las mujeres en las iglesias cristianas, ya que esto chocaba con el patriarcalismo y el dominio de los varones que imperaba en la sociedad de la época.

Durante el siglo III, el filósofo neoplatónico Porfirio, que fue un adversario de la fe cristiana, llegó a decir despectivamente en una de sus quince obras anticristianas que la Iglesia estaba dominada por las mujeres. Poco a poco, tales puntos de vista de la sociedad civil se fueron introduciendo en las congregaciones hasta conseguir la marginación femenina que a través de la Iglesia católica pasó al protestantismo y así llegó hasta la actualidad. .

La iglesia postapostólica cometió el error de interpretar los escritos del apóstol a través de los ojos de Aristóteles, Platón, los filósofos estoicos, los rabinos judíos e Ireneo o Jerónimo entre otros. Sin embargo, textos como 1ª Corintios 11:2-16; Efesios 5:18-32, 1ª Timoteo 2:8-15; 3:1-7 o Gálatas 3:28, no pretenden enseñar la subordinación indiscriminada de la mujer al varón por considerar que ella sea inferior, que no deba enseñar o esté siempre necesitada de tutela masculina, sino promover el orden en las congregaciones cristianas.

El apóstol no deseaba que las iglesias fueran confundidas con los templos paganos donde se celebraban cultos extáticos, como el de Isis, en los que se practicaba un intercambio de roles sexuales y se creía que la verdadera profecía venía de las mujeres que, con los cabellos sueltos y despeinados, lanzaban gritos frenéticos o exaltaban a la gente. Por el contrario, Pablo, por medio de tales reflexiones, lo único que quería enseñar era que la edificación de la comunidad o la proclamación del Evangelio debían hacerse de forma inteligible, con autocontrol y no por medio de actividades orgiásticas.

La libertad y relevancia que poseían las mujeres e incluso los esclavos en la Iglesia cristiana de los primeros siglos, así como la igualdad de trato con los varones libres, se convirtieron en un problema social ya que afuera la situación era muy diferente. Pronto surgieron voces que acusaron a los cristianos de subvertir el orden establecido y corromper las “buenas costumbres” mediante la eliminación de toda diferencia social, racial o sexual. Tales ideas empezaron a hacer mella en la manera de entender las cartas escritas por el apóstol Pablo, hasta lograr que su mensaje, en relación al papel de la mujer, se desvirtuara e interpretara a través de la cultura pagana y sexista de la época. La malinterpretación se fue extendiendo a lo largo de la historia y ni siquiera la Reforma del siglo XVI fue capaz de acabar con la discriminación femenina en el seno de la Iglesia. Por lo que se ha perpetuado hasta hoy y su influencia injusta sigue latente en determinadas comunidades.

Sin embargo, creo que la Iglesia del siglo XXI debe reflexionar seriamente acerca de esta situación de marginación de la mujer que todavía persiste. No por el deseo de estar acorde con los tiempos actuales o adaptarse a las costumbres sociales de la aldea global sino, simplemente, porque, como dijo Jesucristo, “al principio no fue así”. Con la llegada del Mesías y el inicio de su reino en la tierra quedó eliminada la estructura jerárquica causada por la caída. Volvió a imperar el modelo primitivo de la creación, en que Dios hizo al ser humano como varón y hembra para que por igual fueran beneficiarios de la imagen de Dios y del mandamiento de gobernar la tierra. Ninguno de los dos sexos se asemeja más al Creador que el otro. Es verdad que Jesús fue un varón y que llamó a Dios, Padre, pero la divinidad carece de sexo porque no se limita a lo humano. El hombre no tiene más responsabilidad delante de Dios que la mujer. Ambos son igualmente corresponsables de sus acciones en el mundo. De ahí que, como bien escribe el pastor reformado, John R. W. Stott, “si Dios concede dones espirituales a las mujeres (lo cual hace), […] la iglesia debe reconocer los dones y la vocación que vienen de Dios, abrir a la mujer esferas de servicio adecuadas, y “ordenarlas” para el ejercicio del ministerio que reciben de Dios” (STOTT, J. R. W. 1999, La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos, Nueva Creación, Grand Rapids, Michigan, EE.UU, 303).

Si esto es así, ¿por qué entonces el Señor Jesús no escogió a ninguna mujer para que formara parte del grupo de los Doce? Hay que tener en cuenta que la institución de los doce apóstoles fue una acción profética y simbólica llevada a cabo por el Maestro. Su propósito consistió en mostrar al mundo, especialmente a los judíos, que con tal elección empezaba el nuevo pueblo de Israel. Por eso tuvo que escoger a doce varones que recordaran a los doce hijos de Jacob y, por tanto, a las doce tribus de Israel. Jesús sabía que así los hebreos entenderían mejor el mensaje que deseaba transmitirles, que con su venida y la predicación apostólica empezaba la Iglesia cristiana, es decir, el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios.

Si Jesús hubiera elegido, por ejemplo, a seis varones y seis mujeres, sus compatriotas no habrían entendido bien el símbolo ya que en sus censos nunca contaban a las mujeres ni a los niños. Pero, desde luego, no creo que Cristo abrigara los prejuicios sexistas de su época o pensara que la mujer, por razón de su identidad de género, no podía llegar a ser pastora igual que el hombre.

Para comprender el verdadero papel que Jesús les asignó a las mujeres, por encima de las discriminaciones de su tiempo, es mejor fijarse en el círculo más amplio de sus discípulos y ver que allí fueron admitidas igual que los hombres. Esta fue precisamente una fuente constante de quejas o acusaciones de los escribas y fariseos contra el Maestro que influyó también en su ejecución.
Jesús y la mujer
El papel de la mujer en la Iglesia del siglo XXI (IV)

Como introducción amplia al estudio del papel de la mujer en la Iglesia del siglo XXI hemos analizado en los tres artículos anteriores las raíces históricas de la marginación social en cuanto a las diferencias de trato, derechos y valor de la mujer respecto al hombre, así como la relación del protestantismo internacional y español con los movimientos de liberación de lamujer y el feminismo. En el presente escrito, comenzamos una serie de dos estudios o reflexiones en cuanto a lo que la Biblia enseña respecto a la mujer y el hombre.

1.- Jesús y su uso del Génesis: “En el principio…”

En el curso de una polémica con los fariseos sobre el matrimonio y el divorcio, Jesús remite a sus oyentes a los orígenes, a la creación, al plan de Dios y dice: “No habéis leído que el que los hizo al principio varón y hembra los creó? Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres, mas al principio no fue así” (Mt 19:3-9)

Después de la caída del hombre y la mujer, hay una serie de consecuencias, entre ellas que el hombre se enseñoreará de la mujer, el trabajo será con esfuerzo y sudor, ….y así ha sido.

Al principio… hay unas estructuras de la creación de Dios: la creación del hombre y la mujer, a su imagen, la pareja y el mandato cultural: Gen. 1:27-28. En la polémica con los fariseos que inicia este capítulo, Jesús retoma estas estructuras y las pone en de nuevo como vigentes y en práctica. Da un salto a la tradición, y retoma las bases tal y como fueron al principio diseñadas por Dios.

Recordemos tres de los versículos principales, en lo que atañe al hombre y la mujer, en el libro de Génesis:
quote:

Gn.1:27: Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó” (imagen de Dios).
Gn.1:28: Y los bendijo Dios (a los dos) y les dijo : fructificad (madurad), multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla y señorear en….
Gn.2:24: Y dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán una sola carne (no habla de la maternidad, sino de la relación hombre-mujer).

Gn 3:16 habla de predicciones de la caída, de la degeneración del ser humano: parirás con dolor, trabajarás con el sudor de tu frente…No son prescripciones sino predicciones de Dios. Nada se dice de que no sea lícito combatir contra estos efectos negativos: aliviar el dolor en el parto, ayudarnos con maquinarias para suavizar el trabajo, y –por último- luchar contra la dominación del hombre sobre la mujer (dominación que ha llevado, entre otras muchas consecuencias, a la violencia y los malos tratos).

Así pues, hay unas estructuras creacionales que Jesús revalidó y recuperó en relación al hombre y la mujer. Por eso contesta a los fariseos “Así no fue al principio…” Las estructuras de la redención, de la vuelta a la voluntad original en cuanto a estructrira social –y en concreto en cuanto al hombre y la mujer- son las mismas en todos los casos.

La Biblia estima la igualdad de funciones del hombre y la mujer en la creación y en la redención. La diferencia de hombre y mujer por sus características propias aparece en términos de complementariedad. La maternidad determina unas diferencias, por el hecho de llevar 9 meses un hijo en tu seno, amamantarlo, y parirlo. Hay también unas diferencias hormonales y biológicas. Pero nunca suponen inferioridad de la mujer. ¿Hace la fuerza que el hombre sea superior? ¿Hace la maternidad que la mujer sea superior? NO.

2.- El comportamiento de Jesús con la mujer

Jesús no sólo confirma de palabra las estructuras de Génesis y las revalida, saltando la tradición: también lo demuestra con sus hechos. Jesús fue el que con sus palabras y sus hechos devolvió a la mujer la dignidad y el lugar que Dios le dio “en el principio”.

El rompió las barreras más grandes de su tiempo, escandalizando a muchos, para dar ejemplo en su trato de amor, amistad y respeto a la mujer. El enseñó a mujeres, en contra de la Ley judía. Enseñó a María de Betania, sentada a sus pies, de la que se dejó ungir y besar los pies, sin dejar de valorar a Marta; enseñó a la mujer samaritana, rompiendo dos prejuicios: uno hablar con una de raza samaritana, maldita y proscrita, porque eran considerados de tradiciones impuras e idólatras, segundo, era una mujer. Sus discípulos mismos se quedaron totalmente descuadrados. Se dejó ungir los pies con perfume y lágrimas, y besar por una prostituta arrepentida. Y no dudó en perdonar de una lapidación a la mujer adúltera, sin negar su culpa, pero poniéndola a la misma altura de los hombres allí presentes. Se dejó tocar por una mujer con flujo de sangre, impura… y la sanó.

Con razón las mujeres lo amaban, lo seguían. Fueron las últimas en dejar la cruz: María Magdalena y María su madre. Y las primeras en encontrar la tumba vacía. Eligió a María Magdalena para ser la primera en verle resucitado; que también fue la primera enviada para compartir la noticia de su resurrección. Y no fue sin razones: tan desconsolada quedó María, tal vacío dejó Jesús al morir en su vida, tanto insistió en buscarlo a pesar de su muerte, que volvió al huerto sola en momentos de enorme anugustia e incertudimbre. Y ella, la mujervaliente y fiel, fue la elegida para tener el primer encuentro personal con el Jesús resucitado.

Lo que Jesús hizo con las mujeres fue una verdadera revolución. Como lo que hizo con muchas otras situaciones, con casi todo.

Creo que la Biblia es muy clara desde el libro del Génesis cuando Dios

le otorgó el liderazgo al varón, aun

antes de la caída (muchos argumentan que fue hasta después de la

caída) al haberlo creado PRIMERO

(dentro del orden establecido por Dios desde el principio).

La mujer fue creada para ser ¨su ayuda idónea¨ y no al revés.

Sabemos que ante sus ojos los dos somos iguales en cuanto a que los

dos llevamos su imagen y semejanza-

y en cuanto a la herencia (ellas también son co-herederas de la gracia

junto con nosotros), pero no en

cuanto a POSICION y OFICIO.

La posición del liderazgo le fue entregada absoluta y definitivamente

al varón, repito, por cuestión de ORDEN y no porque seamos mejor que

ellas.

 

Las iglesias del Nuevo Testamento no tenían claro estas enseñanzas, y

como la mujer trae dentro de su

naturaleza femenina la tendencia de controlar al varón (Génesis 3:16–

como parte de su maldición), era

importante que los apóstoles de Cristo establecieran el orden divino

del liderazgo masculino.

Esta tendencia natural de la mujer se comenzó a manifestar dentro de

las iglesias bajo la excusa de que eran ¨iguales¨ al varón y que

gozaban de los mismo privilegios, por lo que comenzaron a tratar de

gobernar las reuniones en las iglesias.

Esta es la razón por la cual Pablo escribe claramente cuál debía ser

su POSICION dentro de las iglesias,

con el principal propósito de que recordaran NO USURPAR la POSICION de

liderazgo del varón, a quien

Dios designó para que fuera el pastor y maestro de sus rebaños y no

las mujeres.

No existen en el Nuevo Testamento palabras designadas para el

liderazgo (apóstoles, ancianos, pastores,

obispos) en género femenino, excepto ¨diaconisa¨ (Romanos 16:1).

Dando a entender con esto el Espìritu Santo cuál es la voluntad de

nuestro Creador: que sea el varón el líder de su casa y de la iglesia,

y no las mujeres.

Ahora, de que Dios puede levantar mujeres (como un síntoma de

apostasía masculina), ¡claro que lo puede

hacer!….. y lo está haciendo en muchas partes del mundo donde los

varones han abandonado su posición que Dios nos ha entregado, por esto

oímos ya de mujeres pastoras.

Ahora bien, creo sinceramente que las mujeres sí pueden enseñar la

Palabra a otras mujeres o bajo la co-bertura de un varón (donde él es

la cabeza de la iglesia) pues esta es la cuestión que Pablo argumentaba:

que la mujer no USURPE  la posición del liderazgo masculino.

Mientras la mujer esté bajo la cobertura de un pastor (o su esposo),

pienso que no existe ningún problema

para darle la oportunidad de compartir la Palabra, pues insisto, Pablo

tenía como punto central de su argumento, la USURPACION DE FUNCIONES y nunca el servicio a Dios.

Chuy Olivares.